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D.O. Ribeiro

La Denominación de Origen Ribeiro está situada en Galicia, concretamente en el borde noroccidental de la provincia de Ourense. Se trata de una localización caracterizada por la confluencia de valles que se entrelazan al ritmo de los ríos Miño, Avia y Arnoia. Con una extensión de 2.500 hectáreas y 115 bodegas registradas, el Ribeiro es capaz de producir anualmente 14 millones de kilos de uva. Cabe destacar que la DO Ribeiro, creada en 1032, es una de las más antiguas de España.

Para conocer los primeros documentos históricos que hacen referencia a la tradición vinícola en el Ribeiro debemos remontarnos a la bibliografía del geógrafo griego Estrabón (64 a.C.-19 d.C.). En el libro III de su geographiká se menciona por primera vez que pobladores de la zona tenían el hábito de consumir zythos (cerveza) de un modo cotidiano, dejando el consumo de vino para celebraciones importantes. Este detalle puede significar que posiblemente se tratara de un producto más bien escaso. Sin embargo, no parece que nos encontremos ante un hábito general arraigado a la sociedad de la época.

A pesar de la ausencia documental del momento en el que la producción vinícola se convierte en una costumbre en el Ribeiro, podemos tomar como referencia el intervalo temporal en el que la presencia romana irrumpe en la zona. Obviamente, con la llegada del Imperio la cultura del vino comenzó a formar parte de una sociedad habituada a otro tipo de brebajes, convirtiéndose no solo en una actividad comercial y en un derecho, si no en la semilla de un legado histórico.

Tras la caída del Imperio motivada por las invasiones germánicas, la tradición vinícola entró en una profunda crisis de la que se supo reponer gracias al asentamiento de diferentes centros eclesiásticos. Son ellos los artífices de un impulso generalizado en la región, asentando granjas y prioratos que tenían como misión fundamental suministrar vino a las diferentes bodegas presentes.

Monjes benedictinos y cistercienses del monasterio de San Clodio, Oseira y Melón fueron los encargados de que esta recuperación se consolidase, incentivando a la población local a través de contratos forales orientados a la plantación de vid. Al mismo tiempo, afamadas familias aristocráticas, atraídas por el auge comercial que adquiría el producto, decidieron tomar partido comprando viñedos para su explotación.

Pelagio González, abad de San Clodio en el siglo XII, recoge en su testamento exportaciones a diferentes países europeos, enfatizando la calidad del producto. En este sentido cobra especial importancia el Camino de Santiago, funcionando como enlace comercial entre puntos clave de la geografía española y europea. Mención especial merece la comunidad judía de Ribadavia, que supo aprovechar el tirón del vino y su bien sabida capacidad de negocio para convertirse en parte fundamental de la historia de la región.

Todo lo que hasta ahora hemos descrito no sería posible sin las peculiaridades de un entorno privilegiado en cuando a clima, suelo y oreografía. Situado en una zona de transición de carácter meditarráneo, suavizado por su proximidad con el Atlántico y al abrigo de sus cadenas montañosas, el Ribeiro ofrece a sus vides un hogar perfecto para su maduración. Debemos reflejar la importancia de unos suelos principalmente desarrollados por materiales graníticos, con texturas franco-arenosas y en ocasiones areno-francosas. No podemos olvidarnos de reseñar que se trata de suelos ácidos, muy pobres en materia orgánica y bajo contenido cálcico.

Para finalizar debemos reflejar el producto en sí. Tradicionalmente, las variedades de uva del ribeiro se han entremezclado para ofrecernos vinos con una clara diferenciación. Uva blanca como Treixadura, Godello, Torronés , Albariño, Loureira o Lado se combinan para deleitar al consumidor con vinos que desprenden aromas afrutados y sabores frescos e intensos. Cabe destacar que el 85% de la producción es de vino blanco, dejando tan solo el 15% para vinos tintos derivados de uva Mencía, Caiño, Ferrón o Sousón.