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Castro de San Cibrao de Las

El conjunto arqueológico de San Cibrao de Las se encuentra a 18 km de la ciudad de Ourense. Para ser más exactos este maravilloso enclave se sitúa en la frontera de los municipios de San Amaro y de Punxín, concretamente en una loma de 472m que divide a su vez a estos ayuntamientos. Es considerado uno de los poblados fortificados en proceso de excavación más grandes de Galicia. Diversos estudios arqueológicos apuntan que su periodo de ocupación abarca desde el siglo II a.C hasta el siglo II, incluso se baraja la opción de posibles ocupaciones esporádicas tardías.

El Castro de San Cibrao, según su tipología, pertenece a la etapa final de la cultura castreña, cuya influencia romana se reflejó en la configuración de una sociedad que adquirió una cultura perfectamente definida y denominada como cultura galaico-romana. Se caracterizó por su desarrollo dentro del proceso de adaptación al sistema romano, lo cual dio lugar a una interesante mezcla cultural. Conocida en su tiempo por su nombre original, Lansbricae, esta ciudad estaba situada en un punto de difícil defensa natural, por lo que requirió de la construcción de fuertes y extensos dispositivos de defensa.

En cuanto a su morfología es importante reseñar que consta de dos recintos amurallados: la “croa”, situada en el recinto superior y el recinto inferior, caracterizado por su mayor tamaño y donde se encuentran las viviendas. Por otra parte, son numerosos los hallazgos encontrados en este recinto y que hoy en día se encuentran expuestos en el Centro de Interpretación, situado en la entrada del castro. Entre esas reliquias destacan los escasos objetos de armamento, la variedad de ofebrería y monedas.

La economía de los pueblos se desarrolló en base a una gran variedad de actividades económicas y productivas, entre las que destacaban la caza, ganadería, agricultura, minería, textil y la ofebrería. Todo el terreno dominado por este poblado se caracterizaba por sus tierras fértiles y de fácil cultivo, en las que el cereal predominaba sobre otros productos. Además, se trataba de una región de amplias zonas arboladas con predominancia de robles, cuyo fruto era muy apreciado por los habitantes de la época ya que se utilizaba para la producción de harina panificable.

Con respecto a los sistemas defensivos se puede distinguir: la muralla interior, y las murallas exteriores. La muralla interior delimita la acrópolis y consta de un espesor medio de 3m. Posiblemente, en su parte superior, hubiera existido un paseo de ronda, con accesos de escaleras empotradas situadas en los laterales interiores. Las murallas exteriores delimitan el anteacrópolis o segundo recinto, y constan de dos murallas paralelas con sus respectivos fosos excavados. Es importante apuntar la presencia de una puerta oeste exterior situada en el oeste, otra en el este y otra en el sur. La tercera línea de muralla se extiende desde casi la puerta oeste exterior pasando por la puerta sur y se cierra sobre la segunda muralla. En definitiva, se trata de una de los yacimientos arqueológicos más importantes de Galicia que merece ser visitado y cuidado entre visitantes y profesionales del sector.

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