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Islas Cíes

Hasta finales del Terciario, las Cíes descansaban en la cumbre de una sierra costera. Desde su posición se podía contemplar la más extinta belleza de la costa atlántica, sin temor a que la acción humana moldeara a su antojo su contexto natural. Pero el paso del tiempo modificó su posición, y su cometido, cuando a finales del Terciario un capricho de la naturaleza hundío parte de la costa gallega, dejando paso a la acción del mar y transformado para siempre el litoral de la comunidad. Rías e islas serían las nuevas protagonistas de un entorno natural inigualable. Con orgullo y cariño las Cíes adoptaron su nuevo rol, y desde ese momento pasaron a ser las protectoras de la majestuosa ría de Vigo.

Desde diversos puntos de la costa se puede ver el contorno de las islas, imponentes,  fieles a su cometido e impasibles a las amenazas climatológicas, como si alguien las diseñara para estar ahí, en ese preciso lugar, jugando a ser dos cuando en realidad son tres las bellezas que componen este maravilloso archipiélago. Herencia de su apodo romano, su nombre se asemeja al que un día le dio nombre, Siccas (islas secas), aunque ninguna de ellas se llame así. La del norte o de Monteagudo y la del medio o del faro se entrelazan gracias al finísimo arenal de Rodas… y un lago complementa una imagen de postal paradisíaca. Al sur, la isla de San Martino permanece separada de sus hermanas por un canal llamado puerta del mar, obviando que su unión es más un acto divino que un capricho de la naturaleza.

En sus aguas encontramos una enorme y frágil biodiversidad, desde prados de algas de incalculable valor, hasta cetáceos que comparten este lugar de recreo con una importante variedad de especies entre los que destacan rodaballos, soltas, lenguados, nécoras, centollos, bogavantes, percebes y mejillones. Las zonas rocosas del interior están pobladas por verdaderos bosques de anémonas y erizos de mar, dando la bienvenida a tortugas marítimas que se acercan a disfrutar de este maravilloso entorno natural.

En cuanto a la fauna podemos destacar las gaviotas patiamarillas, que constituyen la colonia más grande del mundo. A su vez, el cormorán moñudo, la gaviota oscura, el arao ibérico comparten espacio con pájaros carpinteros, palomas torcaces y pardelas. A pesar de que las aves predominan en la zona, no nos podemos olvidar de la presencia de mamíferos como conejos, erizos, nutrias, musarañas y murciélagos.

El archipiélago cuenta con numerosas oportunidades de ocio para sus visitantes gracias a los senderos acondicionados para realizar rutas, en las cuales se puede observar su variedad floral, compuesta por matorral autóctono, pinos y eucaliptos que substituyeron a especies propias de la región como la higuera y el rebollo, cuya presencia es ahora mismo casi testimonial. El observatorio ofrece la oportunidad de contemplar la fauna de la zona, mientras que las playas dotan al complejo de un entramado de posibilidades que complementan la parte de recreo que todo visitante busca en su visita a las Cíes. Mención especial merece la playa de Rodas, declarada como la playa más bonita del mundo por el periódico británico The Guardian en 2007. Del mismo modo, en 2017 fue escogida en una encuesta de televisión nacional como la mejor playa de España. Reconocimientos que no hacen más que confirmar el paraíso que tenemos en nuestra comunidad.

Un entorno como este, con múltiples atractivos no puede estar exenta de una parte de leyenda. Son muchas las especulaciones que atribuyen un sentido de pertenencia a las Islas Kassitérides, pero la ausencia de estaño en las diversas excavaciones apunta que posiblemente fueran lugar de comercio para Fenicios y Cartagineses. Sin embargo, cuentan las lenguas que los romanos las denominaron “Islas de los Dioses”. Se dice que Julio Cesar intentó conquistarlas y derrotar a los herminios que las habitaban, pero debido a las buenas condiciones para su defensa tuvo que esperar pacientemente a que estos se rindieran a causa de la ausencia de víveres.
Del mismo modo, durante la Edad Media, las Cíes fueron testigo de luchas navales en las que navíos derrotados se hundieron para dejar en la historia la posibilidad de que entre sus restos existan tesoros por descubrir. No sería raro, al fin y al cabo las Cíes siempre fueron las diosas protectoras de los tesoros Galaicos…

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