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Pazos de Galicia

Para comenzar con esta entrada es importante conocer el origen de los pazos gallegos. Se puede afirmar que, durante el siglo XV, una vez finalizadas las guerras entre señores feudales y gallegos, se produce un significativo y lento abandono de las torres fortificadas y castillos, enclaves mejor preparados para tiempos de guerra. Es por ello que se realiza un cambio en el modo de vida de la población, en la que, una vez alcanzada la paz y estabilidad social, los pazos comienzan a proliferar en el ámbito rural gallego como lugares de retiro entre la nobleza. Estas construcciones siguieron extendiéndose hasta el siglo XIX.

En cuanto a su funcionalidad, estos Pazos se utilizaban como hogares palaciegos, donde el descanso y el entretenimiento jugaban un papel relevante para el propietario y sus invitados. En este contexto, se desarrollaban actividades como la caza y paseos campestres. Evidentemente, las características del pazo, así como todas las actividades complementarias desarrolladas alrededor de estas fascinantes construcciones dependían en gran medida de la riqueza y deseos del propietario.

Son considerados como eje principal a través de los cuales se desarrollaba la economía y relaciones sociales de esa época feudal. Este desarrollo se prolonga a lo largo de los siglos, aunque con algunos cambios y matices. Por lo tanto, se puede asegurar que el pazo gallego era el punto neurálgico de riqueza donde confluían las vidas de los aldeanos, ya que, entre otras cosas, se prestaban diferentes servicios como el molino o el mercado. Por supuestos estos servicios se prestaban a cambio del pago de impuestos.

Parte importante de los pazos gallegos era todo lo que rodeaba la fascinante edificación. Contaban con extensos conjuntos de tierras de labranza que en muchas ocasiones eran arrendadas por los campesinos. La ubicación de los pazos era escogida teniendo en cuenta tanto la fertilidad de la tierra como su capacidad de defensa en caso de conflicto. Por lo tanto, era habitual ubicarlos sobre lugares elevados que facilitaran esta función. En cuanto a su estructura, era común la planta rectangular o cuadrada y la escasez de ventanas. Estaban construidos sobre grandes sillares de piedra, que proporcionaban protección ante la humedad.

Habitualmente, los pazos gallegos, estaban rodeados de un jardín, palomar, casas de los servidores, capilla, estancias del sacerdote, en incluso, en algunos de ellos, dependiendo de su funcionalidad, había recintos de carácter agrícola o ganadero. Hoy en día no hay constancia de ningún arquitecto protagonista de la construcción de estos pazos, posiblemente porque no fuesen muy conocidos o porque su autoría sea obra de maestro de obra o canteros. Es por ello que el estilo arquitectónico sea eclético y tenga raíces del Renacimiento, Barroco o Neoclásico, dependiendo del gusto del propietario.

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